Los mayores de Antigua rescatan la recogida tradicional de la cochinilla
02 de agosto de 2013 (11:05 h.)
-- Escenifican las labores de recolección y tratamiento de
este insecto, del que se obtiene la materia prima para la elaboración
de un colorante púrpura
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La iniciativa, organizada por Bienestar Social y la Asociación de Mayores
Zona Centro en colaboración con el área de Agricultura, resalta la
importancia que tenía este producto en la economía de las familias
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La experiencia abre el abanico de posibilidades del recurso ecológico
en ámbitos como el arte, la moda, la gastronomía o el turismo
Ataviados
con vestimenta tradicional, acompañados por dos burros, provistos de
cucharas de latón y cargados de paciencia, un grupo de mayores de Antigua
escenificó el pasado domingo las labores de recolección y tratamiento
de la cochinilla en una finca de El Obispo. Sin prisa, pero sin pausa,
como antaño, quisieron resaltar la importancia que tenía esta actividad
industrial y comercial y animar a las jóvenes generaciones a rescatar
una tradición que constituyó una fuente de ingresos adicionales para
multitud de familias durante buena parte de los siglos XIX y XX, hasta
que el producto fue desplazado por los tintes sintéticos. Pero también
para valorar las posibilidades que puede ofrecer este recurso natural
en ámbitos como la educación, el arte, la moda, la gastronomía, el
turismo o la innovación. Un mundo por descubrir, abierto a emprendedores,
asociaciones, colectivos e instituciones públicas.
Juan Cabrera (‘Juancito’), Eloísa Hernández, Prudencia
Peña, Carmen González, Peña Perdomo, Estrella Espinel, Carmelo Vega,
Trinidad Medina, José Cabrera y Pablo Cabrera participaron en la actividad
iniciativa, impulsada por el área de Bienestar Social y la Asociación
de Mayores Zona Centro para celebrar el Día del Abuelo en colaboración
con la Concejalía de Agricultura, Ganadería y Pesca, dentro de la
línea de trabajo emprendida por la Corporación para rescatar y difundir
nuestras tradiciones y costumbres, aprovechando las posibilidades que
le ha brindado el entorno natural.
Los
participantes resaltan los duros trabajos desempeñados por los majoreros
en unos tiempos no tan lejanos, donde la agricultura y la ganadería
eran los principales sustentos de vida para la población. Todos recuerdan
cómo salían de sus casas desde bien temprano, todavía sin desayunar
y con la tarosada de la noche, hasta llegar a los cercados de tuneras,
donde esperaban a que calentara el sol para comenzar la faena, acompañados
en el mejor de los casos de un camello o un burro para transportar el
producto. Días de verano, con el solajero, bien preparados para la
recogida y tratamiento de la cochinilla. Nadie olvida esa huella latente
en la historia y en el paisaje insular, que puede ser una “válvula
de escape”, por pequeña que sea, para afrontar esta difícil coyuntura
económica. Así se lo plantean a los jóvenes, con los que ahora quieren
compartir su experiencia y sabiduría.
Cría y recolección
Los mayores desarrollaron
todo el proceso de la cría y recolección de la grana o cochinilla,
insecto que parasita en las hojas de tunera o nopal. Realizaron la primera
semillación (poner saquitos con la cochinilla madre sobre algunas tuneras
para que se vayan infectando), procedimiento que se hace en los meses
de marzo, abril o mayo, cuando comienzan a desovar las destinadas
a ser madres. Se da la circunstancia de que el macho copula con diferentes
hembras y luego se atrofia y muere, mientras que la hembra liba la savia
de la tunera y es la que se utiliza para la crianza y extracción del
tinte.
Concluida la semillación o plantación, cogieron el resto sobrante
con unas cucharas grandes de latón que desprenden el insecto
de la penca, prestando atención para no recolectar de una vez toda
la que tiene la hoja, sino la que está más oscura y grande, dejando
para otra recogida la más pequeña. Posteriormente, procedieron a cernerla
para desprender toda la sustancia blanca que las protege.
Cada día de recolección,
o más tardar al siguiente, se tiene que matar toda la grana escogida.
Se coloca en una tabla o tela y se va removiendo con las manos de vez
en cuando para que el insecto vaya muriendo.Ya muerta, se coloca en
cajones o tableros y se pone al sol hasta que se seque bien, procurando
moverla cada día para que no se ponga mohosa.
El secado al sol y al aire
libre debe realizarse cuando no llueva, por lo que se eligen los meses
de verano (julio y agosto). Tras el secado se limpian las impurezas
(cáscaras) y luego se coloca en sacos porosos para que transpire. En
estos momentos ya está preparada para su venta.
Con la cochinilla
se confecciona el colorante que se usa en la industria cosmética
(carmín) o en la industria alimenticia (yogures, bebidas, etc.), al
tiempo que sirve para teñir tejidos. Asimismo, el ácido carmínico
tiene usos en fotografía a color y pigmentos para artistas.
Divulgación
La concejala responsable del área social, América Soto, insistió
además en la próxima divulgación de esta actividad en los centros
educativos del municipio, “para que los abuelos enseñen a sus nietos
el quehacer, la constancia y el sacrificio de las tareas del campo,
relegadas posteriormente tras la llegada de la industria turística”.
Igualmente, agradeció a Luis Santana, dueño de la finca, su predisposición
para realizar la actividad en esta zona de Antigua, así como a la monitora
Luz Marina Padilla, que colaboró en la iniciativa.
El edil de Agricultura, Jesús Cubas, Jesús Cubas, subrayó
la importancia de “mostrar a las jóvenes generaciones una de las
actividades que contribuyó al sustento económico de muchas
familias y que, ante los tiempos de crisis que estamos atravesando,
puede ser una salida para algunas personas emprendedoras”. Además
de los centros de enseñanza, el área municipal prevé ampliar la difusión
de esta actividad en ferias agrícolas como Feaga y en la celebración
de iniciativas culturales y etnográficas, a través de un vídeo promocional.