Gerardo Mesa Noda, Medalla de Plata de Cruz Roja después de once años dedicado de forma incondicional a la Asamblea con sede en Fuerteventura

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    “Atendía a las pateras personalmente” 
      Un presidente entregado a la causa humanitaria que asegura que su momento más feliz dentro de Cruz Roja fue “cuando nos proporcionaron medios para poder atender a los inmigrantes. Cuando veías la cantidad de voluntarios, 24 horas atentos al móvil, dispuestos las horas que hicieran falta, de noche y de día, para atender a las pateras”. 
      Gerardo Mesa Noda nacía en Vallerhermoso, en La Gomera, hace 76 años. Empleado de Banca, miembro de AWEPAA (Association of West European Parliamentarians for Action against Apartheid) y Presidente de la Cruz Roja en Fuerteventura. En su trayectoria política, destaca su labor como Presidente del Cabildo Insular de Fuerteventura (1979-1987) y Senador (1986-1993) por Asamblea Majorera, integrada ahora en Coalición Canaria.
      Desde el año 2000, forma parte de Cruz Roja en Fuerteventura, convirtiéndose junto con los voluntarios de la organización, en todo un ejemplo de constancia y rigor al frente de una organización humanitaria
      Entre risas Gerardo asegura que no sabe por qué le dan este premio… “¡¡Eso quisiera saber yo!!” dice. Pero en su curriculum hay argumentos de sobra..
      “Aunque empecé a colaborar con Cruz Roja desde 1999, en mi carnet de voluntario reza: Voluntario desde 7/2000. Antes desde 1986 era presidente insular de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui. Cuando empezaron a venir las pateras, hacia 1996, al principio sólo con magrebíes, era esta asociación quien los atendía, porque solían llegar en horas intempestivas, cuando ya habían cerrado todas las oficinas del Cabildo y Ayuntamiento para la atención social. Ni siquiera la policía los detenía ni les permitía dormir en los calabozos. Luego, la Asociación acordó no implicarse en la atención a las pateras y entonces las atendía yo personal y particularmente. Les daba de comer, les buscaba alojamiento y un abogado que les gestionara gratuitamente la tramitación de solicitud de asilo político. Luego el Cabildo me abonaba las facturas que le presentara. Después, cuando empezaron a llegar en forma masiva, fue Cruz Roja quien me dijo que me uniera a ellos para organizar la atención a las pateras.
      El Presidente Insular de Cruz Roja hizo unas declaraciones en el sentido de que ahí enfrente había 20.000 subsaharianos queriendo venir a Fuerteventura y el Ministerio del Interior se quejó de que estaba creando alarma social sin motivos y tuvo que dimitir. Fue entonces cuando me nombraron Delegado Especial de Cruz Roja en Fuerteventura, hasta que se celebraron elecciones y me eligieron presidente.
    Qué he hecho: NADA. Ser presidente.
      Pero siempre será agradable que reconozcan el trabajo de uno.
      A nadie le amarga un dulce. Pero para mí la satisfacción no está  en recibir una medalla, sino en lo que siento cuando veo la cara de las personas a las que les puedo echar una mano, en sentirme miembro de la mayor organización de ayuda humanitaria del mundo en la que colaboran personas muy importantes y de mucha valía, pero también otras personas que nadie las nombra, que no figuran sus nombres en ningún sitio visible, que no reciben ningún premio, pero que son las raíces que sostienen toda esta Organización, en  Haití, en el Cuerno de África, en Bangladesh  y aquí en Fuerteventura.  
      No todo ha sido buenos tiempos, pero ¿Cuáles han sido los momentos más difíciles dentro de la Organización?
      Cuando empezaron a llegar masivamente inmigrantes en pateras. No dábamos avío. No teníamos medios. Nadie sabía qué hacer, pero éramos nosotros los que los atendíamos. El hacinamiento en la terminal vieja del aeropuerto. El trato con las autoridades que atendían más al control de fronteras que a la ayuda humanitaria. Ahora parece mentira, pero nos costó mucho esfuerzo convencerlos de que primero era la salud y la vida y luego la identificación. La llegada de familias enteras con niños pequeños, sobre todo cuando uno de sus miembros se quedaba en el camino.
      Los abrazos que te daban cuando los ponían en libertad. No sabían que en ese preciso momento empezaba lo más difícil para ellos: Encontrar trabajo, entenderse en un idioma que no conocían, integrarse en una cultura nueva, mantener a su familia. Mujeres que llegaban antes con sus niños, esperando que llegara su marido y luego él se quedaba en el camino…Fue mucho, pero sobre todo para ellos…
      Terribles, seguro pero también habrán momentos buenos, …
      Cuando nos proporcionaron medios para poder atender a los inmigrantes. Cuando veías la cantidad de voluntarios, 24 horas atentos al móvil, dispuestos las horas que hicieran falta, de noche y de día, para atender a las pateras. El cambio de mentalidad de las autoridades, porque desde el principio contábamos con la sensibilidad de los agentes.
      ¿Cómo ves la situación social en la isla de Fuerteventura?
      Muy difícil para todos los que han perdido su casa, el trabajo y coche suyo y de su mujer, que tienen hijos, -hijos, padres- que mantener y, sobre todo, para aquellos que no tienen a nadie con raíces en la Isla. Hay quien tiene un padre o una familia a quién arrimarse hasta ver si pasa el temporal, pero otros muchos no tienen ni eso.
      Quizás sea este el motivo por el que sigues en Cruz Roja, ¿qué te motiva a seguir adelante, trabajando en esta Organización?
      Trabajo porque esta Institución sea cada vez más ágil y eficiente en la atención de los más desfavorecidos. Porque cada día haya más personas que se convenzan de que vale la pena hacer un esfuerzo por echar una mano a quien la necesite. Porque la solidaridad se extienda cada vez más y desde la niñez. Porque cada día haya más comprensión y más paz, no sólo en los países en guerra, no sólo entre palestinos e israelitas, sino entre tú y yo, entre yo y mi vecino, entre yo y mi compañero de trabajo, entre mi hermano y yo, entre yo y mi hijo, entre yo y mi mujer.  
    Como diría Gandhi, “No hay caminos para la paz, la paz es el camino”