El profesor de Telecomunicaciones de la Universidad Politécnica de
Madrid y Premio Nacional de Medio Ambiente de 1998, Pedro Costa Morata,
cuestionó y rechazó durante una charla celebrada en el Casino de Antigua
el proyecto de nueva línea de alta tensión que pretende ejecutar Red
Eléctrica de España en la Isla
.
“No creo que sea necesario, si el
sistema eléctrico se organiza de otro modo, con tres o cuatro centros
de producción con potencias que no superen los 66.000 voltios, próximas
geográficamente a los centros de mayor consumo”. Incluso, apostó
por que esos centros productores se basen en energías renovables, sol
y viento, “disponibles, baratas y no contaminantes”.
Costa participó el
pasado viernes por la noche en el café científico sobre los efectos
de las torres eléctricas, titulado Torres de alta tensión en Fuerteventura: una triple amenaza para
la naturaleza, la salud y el paisaje, organizado por la Concejalía
de Industria y Nuevas Tecnologías del Ayuntamiento de Antigua y la
federación ecologista Ben Magec en colaboración con el Cabildo de
Fuerteventura y la Tienda Natural.
Numerosos vecinos afectados,
muchos de ellos integrados en la plataforma que lucha contra la instalación
de unas 200 torretas de 50 metros de altura y de 132.000 voltios, asistieron
al encuentro científico y debatieron con el ponente los efectos de
esta iniciativa, que cuenta también con el rechazo de las administraciones
públicas. La propuesta de soterrar el cableado, alternativa vecinal
e institucional, es “técnicamente posible, aunque a mayor tensión
corresponde mayor aislamiento, lo que supone también un mayor coste”,
precisó Costa. “El proyecto de nueva línea de alta tensión es “más
barato para la empresa, que no evalúa ni tiene en cuenta el coste social”,
precisó.
El profesor de Telecomunicaciones de la Universidad Politécnica de
Madrid y también doctor en Sociología por la Universidad Complutense
insistió también que este despliegue de torres de gran
altura supone un “palo” al paisaje insular, que afecta a la propia
ordenación del suelo rústico protegido, que impide este tipo de instalaciones
en estos espacios por sus valores naturales y agrícolas.
Costa, que se opuso
al “gigantismo” del proyecto, enumeró también las consecuencias
para la salud en las personas sometidas a los campos electromagnéticos
de alta tensión y alta intensidad. Entre ellas figuran las reversibles,
cuyos efectos cesan cuando cesa la causa, y las irreversibles, que aparecen
de forma permanente o que acaban instalándose. En el primer caso se
refirió al insomnio y al estrés, mientras que en el segundo aludió
a la posibilidad de contraer cánceres.
Los campos electromagnéticos afectan a la salud humana por tres vías,
según indicó Pedro Costa. La primera es a través de la glándula
pineal, cuya función de intervenir en el mantenimiento de nuestras
defensas inmunológicas contra el cáncer se ve alterada por estos campos.
La segunda afectaría a los fenómenos químicos de nuestras células
en los que interviene el calcio, cuya distribución se vería perturbada
disminuyendo la fabricación de lipocitos (células grasas). La tercera
vía sería el efecto térmico que tienen este tipo de ondas y que aumentan
nuestra temperatura corporal.

