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Científicos liderados por la Universidad de Búfalo en EE UU, halla restos más antiguos de perro doméstico descubiertos en América, aportando nuevos datos de la llegada de humanos al continente

 


Flavio Augusto da Silva Coelho, estudiante de doctorado en ciencias biológicas de la Universidad de Búfalo, sostiene el antiguo fragmento de hueso de perro que se encontró en el sureste de Alaska. / Douglas Levere / University at Buffalo

Un equipo de científicos, liderado por la Universidad de Búfalo en EE UU, ha hallado los restos más antiguos de un perro doméstico descubiertos en América. Los fragmentos de hueso apoyan la teoría de que estos animales podrían haber migrado con los humanos a lo largo de la costa del Pacífico.

La historia de los perros se ha entrelazado, desde la antigüedad, con la de los humanos que los domesticaron. El hallazgo en Alaska de los restos más antiguos que se conocen de un perro doméstico en América permite ahora rastrear hasta dónde se remonta su historia en América y qué ruta utilizaron los perros para entrar en el continente.

La Universidad de Búfalo (EE UU) lidera el estudio en el que se analiza este fragmento de hueso –un trozo de fémur– encontrado en el sureste de Alaska, que pertenece a un perro que vivió en la región hace unos 10.150 años.

“Como es un fragmento de hueso tan pequeño, al principio solo sabíamos que era de un mamífero y sospechábamos que podía ser de un oso, porque en esta cueva se habían encontrado muchos huesos de este animal. Sin embargo, al analizar su ADN, descubrimos que era un pariente cercano de los perros americanos preeuropeos”, dice a SINC Charlotte Lindqvist de la universidad estadounidense y autora principal del estudio.  

Como es un fragmento de hueso tan pequeño, al principio solo sabíamos que era de un mamífero y sospechábamos que podía ser de un oso

Charlotte Lindqvist

Los investigadores analizaron el genoma mitocondrial del can y concluyeron que el animal pertenecía a un linaje de perros cuya historia evolutiva divergió de la de los siberianos hace 16.700 años. El momento de esa separación coincide con un periodo en el que los humanos podrían haber migrado a Norteamérica por una ruta costera, que incluía el sureste de Alaska.

“Si podemos ensamblar el genoma nuclear de este perro antiguo, podríamos buscar firmas genéticas de ciertos rasgos que conocemos de los perros modernos. Por ejemplo, podríamos buscar variantes genéticas que se conocen de los perros de trineo y que se cree que están relacionadas con la adaptación dietética y fisiológica a la vida en entornos árticos”, asegura la experta.

Fragmento de hueso que pertenece a un perro que vivió hace unos 10.150 años. / Douglas Levere / University at Buffalo

Fragmento de hueso que pertenece a un perro que vivió hace unos 10.150 años. / Douglas Levere / University at Buffalo

Un hallazgo casual

La investigación, que publica la revista Proceedings of the Royal Society B, surgió al secuenciar parte del ADN de una colección de cientos de huesos excavados años antes en el sureste de Alaska. En este trabajo de campo participó Timothy Heaton, profesor de Ciencias de la Tierra en la Universidad de Dakota del Sur. “Mi colega y coautor, el profesor Heaton, envió el hueso a un laboratorio de la Universidad de Arizona y allí lo dataron por radiocarbono en 2004”, explica Lindqvist.

Dado que los perros son un indicador de la ocupación humana, los resultados del estudio ayudan a establecer no solo el momento, sino también la ubicación de la entrada de perros y personas en América. “Nuestro estudio apoya la teoría de que esta migración se produjo justo cuando los glaciares costeros se retiraron durante la última Edad de Hielo”, afirma Lindqvist.

Nuestro estudio apoya la teoría de que esta migración se produjo justo cuando los glaciares costeros se retiraron durante la última Edad de Hielo

Charlotte Lindqvist

Para Flavio Augusto da Silva Coelho, de la Universidad de Búfalo y coautor del artículo, “nuestro perro primitivo del sureste de Alaska apoya la hipótesis de que la primera migración canina y humana se produjo a través de la ruta costera del noroeste del Pacífico en lugar del corredor continental central, que se cree que solo fue viable hace unos 13.000 años”.

Los primeros huesos de perros americanos antiguos de los que se había secuenciado el ADN pertenecían a un yacimiento del Medio Oeste de EE UU. Tras este nuevo hallazgo, los científicos compararon el genoma mitocondrial del hueso con los de otros perros antiguos y modernos. Este análisis demostró que el perro del sureste de Alaska compartía un ancestro común, hace unos 16.000 años, con los canes americanos que vivían antes de la llegada de los colonizadores europeos.

Respecto a la dieta, el análisis de los isótopos de carbono del fragmento de hueso indica que probablemente tenía una dieta marina, que pudo consistir en alimentos como pescado y restos de focas y ballenas.

“Es probable que los perros se utilizaran para el transporte –como perros de trineo, tal y como se utilizan hoy en día en las regiones árticas–, para la caza y como guardianes para advertir y proteger de los animales salvajes y otros peligros, y quizás incluso como fuentes de pieles y alimentos”, concluye Lindqvist.

Mapa de la zona de estudio. / Bob Wilder / University at Buffalo

Mapa de la zona de estudio. / Bob Wilder / University at Buffalo

Referencia:

Charlotte Lindqvist et al. “An early dog from southeast Alaska supports a coastal route for the first dog migration into the Americas”. Proceedings of the Royal Society B

Fuente: SINC
Derechos: Creative Commons.